Los títulos en Ingeniería encabezan el ranking de empleabilidad en España, pero los estudiantes se mantienen alejados
Una calculadora nacional de carreras profesionales pone de relieve una brecha creciente entre dónde se encuentran los empleos y hacia dónde se dirigen los aspirantes universitarios.
Las ingenierías ocupan siete de cada diez posiciones en el ranking de los 20 títulos españoles ordenados por resultados de empleabilidad, sin embargo la matriculación en estos programas sigue siendo obstinadamente escasa — un desequilibrio estructural que economistas laborales y organismos industriales dicen que se está volviendo cada vez más costoso para la economía.
Las cifras provienen de una herramienta pública gestionada conjuntamente por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), en funcionamiento desde 2023 y basada en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La calculadora permite a estudiantes prospectivos, orientadores y formuladores de políticas comparar opciones de títulos según el salario proyectado y la probabilidad de encontrar trabajo en un campo relacionado.
Según sus mediciones, las cualificaciones en ingeniería superan consistentemente a otros campos en ambos indicadores. El Mundo, citando los rankings de la herramienta, informó que la ingeniería representa aproximadamente el 70 por ciento de las posiciones entre los 20 mejores cuando los títulos se clasifican por tasa de empleo, una concentración que deja los programas de artes, ciencias sociales y humanidades muy atrás en la tabla a pesar de sus números de matriculación mucho más altos.
La escasez de mano de obra en el sector da una urgencia adicional a la brecha de matriculación. El Mundo citó estimaciones de la industria que España necesitará cubrir aproximadamente 200.000 puestos adicionales de ingeniería y tecnología en la próxima década, un objetivo que los actuales flujos de graduados no están en camino de cumplir.
Los dos medios enmarcan la causa subyacente de manera diferente. El Mundo enfatizó lo que describió como una orientación de carreras inadecuada en las escuelas secundarias, argumentando que los alumnos reciben muy poca información sobre la relevancia social de la ingeniería — el papel que los ingenieros desempeñan en infraestructura, transición energética e industrias digitales — antes de tomar sus decisiones sobre educación superior. El País destacó el papel de la transparencia de datos, presentando la calculadora BBVA-IVIE misma como correctivo: un recurso que proporciona a familias y estudiantes evidencia objetiva de salarios y empleo que anteriormente era difícil de acceder en un solo lugar.
Ambos enfoques señalan, desde diferentes ángulos, un problema de información. Ya sea que su raíz esté en la cultura de asesoramiento escolar o en la opacidad de las estadísticas del mercado laboral, el efecto es el mismo: los solicitantes se están inclinando hacia campos donde el empleo de graduados e ingresos son considerablemente más débiles.
España no está sola en este patrón — se han documentado deficiencias similares en gran parte de la Unión Europea — pero la tasa de desempleo juvenil general elevada del país acentúa lo que está en juego. Una elección de título que conduce a mejores perspectivas de trabajo tiene mayor peso en un mercado laboral que históricamente ha sido duro con los jóvenes que ingresan sin cualificaciones especializadas.
Lo que sigue sin estar claro es si el acceso mejorado a datos por sí solo cambiará el comportamiento de manera significativa, o si serán necesarios cambios estructurales — incluyendo becas dirigidas a programas de ingeniería insuficientemente suscritos, currículos escolares reformados o divulgación dirigida por empleadores — para cerrar la brecha antes de que la escasez proyectada se vuelva aguda.